jueves, 11 de abril de 2013

El Elefante Invisible Deambulando en Washington

En su análisis de la realidad política de Puerto Rico y en la búsqueda de una solución a la misma, los funcionarios electos del gobierno federal; tanto el Presidente como los congresistas, insisten en negarse a ver, reconocer y aceptar el elemento mas importante, trascendente y potencialmente destructivo de la misma. No quieren ver, reconocer y aceptar al elefante, mas que un elefante, un Mamut gigante, vivito y coleando, que se desplaza por sus aposentos.

Ese elefante es el HECHO de que Puerto Rico no es meramente un territorio poblado por ciudadanos o nacionales estadounidenses. Puerto Rico es mucho mas que eso: Puerto Rico es un ser colectivo con plena conciencia propia; es decir una NACIÓN. Puerto Rico aun no es una NACIÓN soberana; en ese sentido, de ser un estado soberano, Puerto Rico aun no es una NACIÓN... soberana. Pero en el sentido sociológico, histórico y transcendental, Puerto Rico es y ha sido una nación durante los últimos 150 años, cuando menos.

Estados Unidos es una federación de estados que comparten una misma nacionalidad: La nacionalidad estadounidense. En este sentido Estados Unidos es a la vez una federación de estados y una nación homogénea. La introducción de un estado federal que a la misma vez sea una nación en si mismo rompería ese esquema, rompería esa estabilidad nacional de la federación entera.

Más aun, Puerto Rico es una nación transcendental. La mayoría de las naciones no son naciones transcendentales. Son solo naciones sociológica, histórica o políticamente hablando. Las naciones surgen de un proceso histórico-sociológico donde, con el pasar del tiempo, surge una comunidad extendiéndose sobre un territorio especifico; comunidad que comparte un idioma, una cultura, una delimitación geográfica y una historia común. Esto les lleva a desarrollar un sentido unitario de identidad nacional. Puerto Rico es todo eso pero tiene algo mas.

La identidad nacional de Puerto Rico no se basa en el pasado:  historia, geografía, cultura; tampoco se basa en el idioma común. La identidad nacional de Puerto Rico se basa en un sentido de origen mítico-religioso y destino profético. Puerto Rico es, o mejor dicho se ve a si mismo como, la encarnación de un propósito transcendental, divino, y como tal solo dejara de ser cuando ese propósito sea absolutamente realizado. Este sentido mítico-religioso se refleja en nuestro himno nacional y en muchas de las poesías, cánticos y narrativas que manifiestan lo más elevado de nuestro espíritu nacional, literario.

¿Recuerdan UNA PLEGARIA MAS, de Tito Auger, y la forma  solemne en que la juventud de entonces la cantaba? Un cántico donde se empieza retando a Dios en forma aparentemente irrespetuosa, total para pedirle solo una cosa: La fuerza para ponerse de pie, romper esta jaula de miedo, y levantarse ante el mundo como un faro de luz, una fuente de inspiración, aun sabiendo que la consecuencia inevitable de eso sera la muerte. Ese es el espíritu mesiánico encarnado en el pueblo de Puerto Rico. Ese es nuestro espíritu nacional.

Nuestro propósito colectivo, nuestra razón de ser, es levantarnos como faro de luz ante la injusticia y la falsedad, y pagar el precio por hacerlo. Ante esta determinación, ante este espíritu nacional no hay poder imperial que valga. Somos un mesías, al estilo de Isaias 53, determinado en llegar a Jerusalen: somos una encarnación mesiánica;  no para reinar, sino para proclamar un reino, tal y como  lo demostró el Maestro de Nazaret.

Una nación fundada sobre esta base no puede ser destruida o asimilada por otra. Tratar de hacerlo es futilidad. Tratar de incorporarnos a otra nación, como estado o unidad regional de la misma, solo creará un conflicto permanente entre ambas naciones. Total, al final y a la postre cumpliremos nuestro destino, nuestro propósito colectivo.

Ojala y la Nación, la Federación, la Unión, El Imperio estadounidense, sus oficiales electos y su gobierno permanente (el poder detrás del trono; los que realmente mandan en Washington) puedan entender esto, y tomen la acción correcta. Y esa acción no es otra que apoyar una transición ordenada de Puerto Rico del régimen colonial actual a una Independencia plena: a corto, mediano o largo plazo. Cualquier otra cosa es esconder la cabeza en la arena, negarse a ver al elefante deambulando en la sala de baile, y arriesgarse a cucarlo indebidamente.
Publicar un comentario